Gloria

Gloria in excelsis Deo -el Gloria-, es un himno litúrgico, llamado también doxología mayor, habitualmente cantado en forma silábica o semi-silábica, que forma parte de las piezas obligatorias del Ordinario de la Misa, tanto en las Liturgias católicas como en las ortodoxas. El Gloria es un himno antiquísimo y venerable con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y glorifica y le suplica al Cordero.

El Gloria es iniciado después del Kyrie Eleison -Señor ten piedad- y antes de la oración colecta. El texto comienza con una pequeña variación de las palabras que los ángeles utilizaron para anunciar el nacimiento de Jesús a los pastores (Lc 2, 14). La Vulgata latina usa altissimis (que, generalmente, significa ‘en lo más alto’, pero con sentido físico) en lugar de excelsis (‘superior’, ‘elevado’ o ‘lo más alto’). El himno continúa con versos añadidos para crear una doxología propia.

Su texto original griego tiene un origen muy lejano en la historia del cristianismo. Otra forma del texto apareció en el siglo III, si no antes. La versión larga usada por la Iglesia ortodoxa griega está datado en el siglo IV, pero no es la forma habitual en que se canta en el resto de las liturgias cristianas, que usan formas devenidas de la forma latina, que añade las expresiones Tu solus altissimus y Cum sancto Spiritu. Los ortodoxos griegos lo concluyen con: “Todo el día le adoraré y glorificaré su nombre por siempre y para siempre” y continúa con 10 versos más, provenientes de los salmos, el Trisagio y el Gloria Patri.

El texto de este himno no puede cambiarse por otro. Lo inicia el sacerdote o, según las circunstancias, el cantor o el coro, y en cambio, es cantado simultáneamente por todos, o por el pueblo alternando con los cantores, o por los mismos cantores. Si no se canta, lo dirán en voz alta todos simultáneamente, o en dos coros que se responden el uno al otro.

Se canta o se dice en voz alta los domingos fuera de los tiempos de Adviento y de Cuaresma, en las solemnidades y en las fiestas, y en algunas celebraciones peculiares más solemnes.

El primer Papa que introduce este himno en la Liturgia fue el papa Telesforo (128–139) -quien la incluye en el Ordinario de la fiesta de Navidad- y, luego, Símaco (498–514), que lo generalizó para todas las celebraciones dominicales. Al inicio, su rezo estaba reservado solo a los sacerdotes en la Pascua, pero a fines del siglo XI los celebrantes comenzaron a obtener los permisos para cantar el Gloria en todas sus celebraciones festivas. Aun así, nunca se rezó en las fiestas durante del Adviento hasta la Misa de Navidad.

Durante la Edad Media fueron compuestos muchos Glorias ampliados con glosas y nuevos versos. La versión adaptada para la fiestas de la Santísima Virgen María, que aparece en el Misal Sarum, fue usado en toda Europa, y, aunque estas interpolaciones fueron prohibidas repetidamente, siguió interpretándose, al menos, hasta 1570.

Fuente: infovaticana.com