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18 de julio: ANTONIO BERTRÁN VILA (1870-1951)

ANTONIO BERTRÁN VILA (1870-1951)

Sacerdote


Nacimiento: VILANOVA DE VILAMAJOR (Barcelona), 23-12-1870

Inicio noviciado: SANT ANDREU, 25-7-1886

Primera profesión: SANT ANDREU, 15-8-1888

Ordenación sacerdotal: BARCELONA, 19-9-1896

Defunción: SANT ANDREU, 18-7-1951



Antonio Bertrán, hijo de Juan y de Francisca, nació en Vilanova de Vilamajor (Barcelona), el día 23 de diciembre de 1870. siendo bautizado el día 26 del mismo mes. Se le impusieron los nombres de Antonio, Tomás y José. El obispo José Mª Urquinaona le confirmó el 1 de agosto de 1880. La educación esmeradamente cristiana que recibió en su familia hizo posible la llamada de Dios al sacerdocio y a la vida religiosa.


Empezó los estudios de latín y humanidades en el seminario diocesano de Vic, pero el 23 de septiembre de 1884 ingresaba en el colegio Jesús, María y José, de Sant Andreu del Palomar en calidad de aspirante. Vistió el hábito el 25 de julio de 1886 e hizo la profesión religiosa el 15 de agosto de 1888.


Alternando los estudios de filosofía y teología con la docencia, primero en la clase de párvulos del mismo colegio de Sant Andreu y después en las Escuelas de Barcelona, recibió la tonsura el 21 de diciembre de 1894 y las órdenes menores el 20 de diciembre de 1895 en Barcelona. Tanto el párroco de Sant Andreu como el de su pueblo natal y el de la parroquia de San Pedro de Barcelona, atestiguaron la idoneidad del joven clérigo. Y así el 21 de marzo de 1896 recibió el subdiaconado en Vic; el 30 de mayo, en Barcelona, el diaconado y estrenando la facultad y el impreso del Padre Fundador para conceder Dimisorias, fue ordenado sacerdote el 19 de septiembre de 1896 en la desaparecida parroquia de las Jerónimas, de Barcelona. Cantó la primera misa en la parroquia Nuestra Señora de los Angeles, de la ciudad condal, el 11 de octubre del mismo año.


Con fecha 23 de agosto de este año, acababa de ser nombrado por el mismo Padre Fundador «Superior Delegado de las Escuelas (patrocinadas por la Asociación de Católicos) que la Congregación tiene establecidas en esa capital agregadas al colegio Jesús, María y José de este pueblo (Sant Andreu), confiando que cumplirá su misión con la rectitud y celo que requieren la mayor gloria de Dios y utilidad de nuestra amada Congregación».


Fue en el ámbito de estas escuelas, en donde el P. Bertrán desarrolló la formidable labor de eminente pedagogo atrayéndose la simpatía y el aprecio general en un barrio eminentemente obrero. Sería quizás, por este motivo que el P. Bertrán, en 1895, se había mostrado reacio a aceptar los libros de texto propios de la Congregación, que acababan de editarse, y que provocó este comentario del Padre Fundador: «No apruebo la conducta del P. Bertrán respecto a la no adopción del librito consabido. Es libro mandado por el superior y esto debería bastarle, como así lo ordenan nuestras Constituciones y Reglas. A más de que, su dificultad luego está solventada esto es, añadir el alfabeto por su orden. Pase allá y dígale que no sea refractario».


Sucesivamente fue profesor de Sant Andreu (1899), Vilafranca del Penedés (1900), Blanes (1901), de nuevo en las escuelas de Barcelona establecidas ya en la calle San Gil, etc. En 1908 fue nombrado superior del colegio San José, de Tremp.


Como tal, asistió a la reunión de superiores de diciembre de 1909, celebrada en Les Corts, bajo la presidencia del P. Miquel d'Esplugues, como delegado del Card. Vives, para formalizar la fusión y fue de los que desde el primer momento no aceptó la forma con que se llevó a cabo. No consta que hubiese emitido los votos solemnes y la comunidad de Tremp se distinguió por su tenaz oposición y, en la provincia, corrían coplas antiteatinas, que procedían de Tremp. Al visitador le dijo que «había firmado las preces por haber estado conforme con los demás padres en la reunión de Sant Andreu; él mismo las explicó a todos los religiosos de la casa reunidos; está en la Congregación desde los 13 años y tiene ahora 44; en esta casa hubo siempre mucha paz porque él se opuso a cambios violentos no necesarios en las prácticas de piedad que imponía el P. (Bernardo) Montoliu; ya preveía que se generalizaría el disgusto por esta causa y las ambiciones que siempre andan mezcladas; al principio una buena fórmula de concordia; si fuese tiempo para ensayar aquella buena época de la fusión... sería una solución muy práctica, pero teme que es tarde y se ha envenenado el corazón; por eso prefiere sumarse a los que piden volver al estado quo ante; advierte de todos modos que los desaciertos del bien intencionado P. Montoliu han traído este estado de cosas; por tanto prefiere volver simplemente a lo antiguo y ser Hijo de la Sagrada Familia».


Participó, naturalmente, en el capítulo general de 1916 y a partir de entonces siguió dedicado a las tareas de la educación, presidiendo las comunidades de Molins de Rei (1916). Blanes (1917), Reus (1923), Vilafranca (1930-34). En todos estos centros enseñaba especialmente matemáticas, historia y literatura.


En 1934 fue destinado al colegio Jesús, María y José en donde le sorprendió la guerra civil de 1936. Fue de los últimos en abandonar el colegio, porque creía que las cosas no llegarían tan lejos. Estuvo escondido unos días en Sant Andreu con el P. Pedro Verdaguer en una familia amiga, hasta que por no comprometerla, fueron a Barcelona y de allí hasta Badalona a casa de un hermano suyo. Allí pasó los dos años largos, yendo a menudo a la ciudad condal para enterarse del paradero del P. José Morató, del P. Francisco Mascaró y demás, hasta que, a primeros de 1939 regresó ya a Barcelona para recuperar los inmuebles y organizar la enseñanza en dónde se pudiese. El mismo escribió todas estas aventuras en una serie de artículos titulados Mi éxodo, que publicó en la revista La Sagrada Familia durante el año 1949.


Tras el fallecimiento del P. Francisco Mascaró, subdirector general, el P. Samá le escribía en marzo de 1939: «Vea de reunir a cuantos pueda de los nuestros y obre con la autoridad que le delego por medio de estas letras a las cuales doy valor oficial». En el capítulo general reunido en Roma, el P. Bertrán fue elegido subdirector general, aún sin haber podido desplazarse hasta allí. Desde la muerte del P. Samá hasta la celebración del capítulo general en 1941, el P. Bertrán presidió sin pretensión ninguna y orientó la marcha general de la Congregación en aquellos momentos tan difíciles. En este capítulo resultó elegido consultor general.


El P. Bertrán mostró todo su temple en este período de sede vacante sin precedentes en las historia de la Congregación. A pesar de sus ya 70 años, se hizo presente en la vida del Instituto mediante algunas cartas circulares y exhortando a cada uno para que ocupase su sitio sin claudicar en lo más mínimo «demostrando ser un verdadero amante de la Congregación y devoto de nuestros Padres Jesús, María y José».


Otra faceta importante del P. Bertrán es la de escritor. Colaboró durante muchos años en La Sagrada Familia y sus escritos pueden clasificarse en piadosos, literarios con fondo religioso y la notabilísima serie Del Natural y Mi cartapacio que son las más peculiares. Notable también fue la polémica que sostuvo en El Correo Catalán y en El Correo de Lérida, mientras residía en Tremp, en favor de la enseñanza y educación católica. En 1924, había asistido a la Asamblea nacional de la prensa, en Toledo.


En octubre de 1946, con motivo de sus bodas de oro sacerdotales, los numerosos exalumnos le rindieron un sentido homenaje, del que se hizo amplio eco la prensa de Barcelona y las revistas científicas y pedagógicas. A raíz del mismo, el gobierno de Madrid le concedió la Encomienda con Placa de Alfonso X el Sabio y se fundó un Instituto benéfico intitulado a su nombre, para el fomento de la enseñanza católica. Su labor pedagógica fue justamente comparada con la del P. Andrés Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María.


El 18 de julio de 1951, mientras estaba dispuesto a reemprender un nuevo curso, falleció en el colegio Jesús, María y José, a consecuencia de un ataque fulminante de hemiplejia. Contaba 81 años de edad y 64 de profesión religiosa. Sus restos mortales fueron inhumados en el cementerio de Sant Andreu.


Fuentes: Documenta n.2 Album de Familia

Expediente personal y correspondencia.

BOC 1 (1917, l.º) 16; 8 (1924, 3º) 13; 23 (1939, 4.º) 8; 30 (1946, 4.º) 30; 35 (1951. 4.º) 48-49.

La Sagrada Familia 1899; 1903-1918; 1924-32; 1948-49; 1951. VIII. 10.

Epistolario del Padre Fundador (1895).

Correspondencia del P. Antonio Samá (1939).

Miguel S. Galuchas, El M. R. P. Antonio Bertrán Vila. Datos biográficos. Barna 1946.

Revista Ibérica, II, 2." (1946) 361.

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