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11. Servicio pastoral del Instituto

“Nuestra tarea principal es ayudar a la sociedad doméstica a alcanzar la plenitud del sacramento del matrimonio y a asumir la responsabilidad de la vocación y misión de la familia cristiana, señalándole el ejemplo de la Familia divinamente constituida” (Constituciones 44), pero con el Padre Manyanet “creemos que el camino más adecuado es la educación e instrucción cristiana de los niños, en especial de los más pequeños y de los jóvenes, sean ricos o pobres” (Constituciones 45).

Esta misión educadora da alas a nuestro dinamismo para abrirnos a todos los campos de apostolado que nos posibiliten la proyección del Evangelio de Nazaret a la familia: sea en las escuelas y colegios, y también en las parroquias y centros de culto, en la predicación, en las misiones, en la difusión escrita y audiovisual.

 

Según el modelo del Hijo de Dios, “que se encarnó y habitó entre nosotros” (Jn 1,14), procuramos aplicar en nuestra acción apostólica un proceso de encarnación, amando lo que Dios ama y quiere salvar de cada persona y de cada realidad humana.

 

Nuestro propio testimonio de vida religiosa, en tanto que expresa con autenticidad y alegría el estilo de vida nazareno-familiar, genera en los diversos campos de nuestro apostolado un clima de familiaridad y fraternidad basado en la confianza, la estima, el respeto y la solidaridad mutua.

COMENTARIO:

por Julio González SF

El matrimonio y la familia se forma y crece desarrollando la identidad y capacidades de todos sus miembros. Pero la familia que defiende solamente 

sus intereses y, si lo considera necesario, los utiliza contra otras familias, no ha llegado a ser "sociedad doméstica". Por eso, la Iglesia (familia de familias) se preocupa por el bienestar material y espiritual de todos los matrimonios y sus familias, y no solamente del de unos pocos.

La familia es el hogar, escuela y taller, donde comenzamos a desarrollar nuestra identidad y capacidades y, por tanto, juega un papel importantísimo en nuestra comprensión de la sociedad.

San José Manyanet comprendió desde muy joven la importancia de una educación católica donde el amor de la familia no se agote en ella misma.

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