27. El noviazgo, tiempo de gracia

La preparación al matrimonio “en nuestros días es más necesaria que nunca” (FC 66). El Papa anima a “promover programas mejores y más intensos de preparación y para eliminar, lo más posible, las dificultades en que se debaten tantos matrimonios” (ib.). Esta preparación ha de desarrollarse como un itinerario o proceso gradual y continuo con tres etapas principales:

1. Preparación remota

 

La preparación remota comienza en la infancia y llega hasta la adolescencia. Tanto los padres, “primeros educadores y predicadores de la fe a sus hijos” (AA 11), como los educadores, hemos de considerar que es el período en el que se imbuye la estima por todo valor auténticamente humano, tanto en las relaciones interpersonales como sociales, con todo lo que significa formación del carácter, para el recto dominio y el recto uso de las inclinaciones, para el modo de considerar y encontrar a las personas del otro sexo, etc.

Se exige, además, especialmente para los cristianos, una sólida formación intelectual y catequética que sepa descubrir en el matrimonio “una verdadera vocación y misión, sin excluir la posibilidad del don total de sí mismo a Dios” (FC 66).

En nuestros centros, en particular en la escuela y en la parroquia, no faltará en las programaciones la educación para el amor.

 

2. Preparación próxima

La preparación próxima suele coincidir con la época de la juventud y se llama noviazgo, que ha de ser considerado como un tiempo de crecimiento para aprender a vivir juntos, de responsabilidad para dar estabilidad a la relación, y de gracia, no sólo como don de Dios, sino como ocasión para vivir y crecer en esta gracia.

Esta etapa requiere una adecuada catequesis, como un camino catecumenal y una preparación más específica para el sacramento del matrimonio. Este camino catecumenal tiene su momento privilegiado en los cursillos prematrimoniales. En estos se ayuda a conocer y a vivir el misterio del matrimonio cristiano y de la familia como escuela de humanidad y santuario de la vida.

3. Preparación inmediata

 

La preparación inmediata “debe tener lugar en los últimos meses y semanas que preceden a la boda” (FC 66). Los contenidos de esta preparación serán “un conocimiento serio del misterio de Cristo y de la Iglesia, del significado de gracia y responsabilidad del matrimonio cristiano” (ib.), así como el conocimiento de la celebración y el significado de los gestos y textos litúrgicos.

No se omita la entrevista con el sacerdote —el párroco o vicario—, necesaria e insustituible para determinadas cuestiones y para afrontar problemas de conciencia particulares.

Para tener lugar la celebración del matrimonio, ha de constar que no hay ningún impedimento (cf. CIC 1066). Este es el objetivo del expediente matrimonial, conforme a las directrices de las Conferencias Episcopales o a las normas diocesanas.

A fin de aportar aspectos específicos referidos al Evangelio de Nazaret —que en sí mismo es una propuesta de la vivencia del evangelio—, en los cursos prematrimoniales, que pueden darse a nivel parroquial, arciprestal o diocesano, con las matizaciones necesarias, se elaborará un proyecto de formación matrimonial-familiar propio que ofrezca elementos y criterios y que sea compatible y aplicable en los distintos contextos y ámbitos.