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Novena en honor de San José Manyanet. Día segundo: San José Manyanet, Modelo de Esperanza

* En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

V/. Sea por siempre bendita y alabada la Santísima Trinidad y Jesús, María y José

R/. Sea por siempre bendita y alabada la Santísima Trinidad y Jesús, María y José

V/. Que San José Manyanet nos conceda la gracia de imitarle en la práctica de las virtudes cristianas y bendiga a nuestras familias.

R/. Amén.


- Dispongámonos a celebrar esta novena en honor de San José Manyanet pidiendo antes perdón a Dios por nuestras faltas de fidelidad a su amor y a la gracia recibida en nuestro bautismo que nos llama a una vida santa en nuestro propio estado y en nuestra familia.


- Pidamos a Dios, nuestro Padre, que la santidad de San José Manyanet, apóstol de la Sagrada Familia y profeta de la familia, forjada por la práctica de las virtudes, nos ayude a crecer en nuestra vida cristiana según el propio estado mirando siempre el modelo dado por Dios en la Sagrada Familia de Nazaret.


- Pidamos también que, si es voluntad de Dios, por la intercesión de San José Manyanet, alcancemos la gracia que necesitamos y pedimos... (indíquese la gracia que desea pedirse).



Oremos


Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, de todo corazón os adoramos,

alabamos y bendecimos. Por medio de María Inmaculada y del Patriarca San José, que

con Jesús, el Verbo de Dios hecho hombre, formaron la bendita Trinidad de Nazaret, os

pedimos la gracia de practicar esta novena con ánimo bien dispuesto para procurar

vuestra gloria y la imitación de las virtudes que practicó en la tierra San José Manyanet,

a fin de que, llegando a ser verdaderos hijos vuestros, consigamos como él la eterna

bienaventuranza. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Que San José Manyanet nos guíe y acompañe con su palabra y ejemplo. Amén.


A continuación, se leen la reflexión y demás textos de cada día de la novena.



SAN JOSÉ MANYANET, MODELO DE ESPERANZA



Reflexión


Si, como dice San Bernardo, «cuánto uno cree, tanto espera», se puede afirmar que San José Manyanet alcanzó también la esperanza en grado heroico. Aunque las virtudes de la fe y de la esperanza llegan a Dios de una forma diversa, hay un admirable nexo que las une entre sí: por la fe sabemos que Dios es el objeto de nuestra felicidad, y por la esperanza creemos que, con su auxilio, podremos alcanzarla.


Fue la experiencia de la Sagrada Familia de Nazaret, que debió confiar plenamente en Dios, que siempre es fiel a su palabra, y vivir pendiente y confiada en su voluntad para actuar el plan de salvación.


San José Manyanet brilló en la práctica de la esperanza. Su vida fue un continuo ejercicio de esta virtud y de una ilimitada confianza en la Providencia divina. Repetía a menudo: «Lo dejo todo en las manos de Dios». Y así, en las muchas contrariedades que tuvo que soportar, no perdió nunca la serenidad y la paz interior, seguro de estar en las manos de Dios.


En San José Manyanet se verificó el dicho de San Pablo referido a Abrahán: «Creyó esperando contra toda esperanza» (Rm 4,18). Él, llevado por su espíritu de fe, emprendía y realizaba obras que parecían humanamente imposibles y temerarias. Aun en el momento de la muerte, cuando recibió la noticia de que iba a recibir los últimos sacramentos, respondió con naturalidad: «Esta noticia no debe impresionar desagradablemente a un cristiano, y menos a un sacerdote». Vivía con intensidad la virtud de la esperanza.


De los escritos de San José Manyanet


«Tengan gran confianza en Dios, esperando de él todos los bienes, especialmente la capacidad necesaria para cumplir a la perfección el sagrado deber de nuestro estado y obligación. Si surge la tentación de la desconfianza, acudan al mismo Dios, recordando que aquél que puede sacar de las piedras hijos de Abrahán, y hablar y profetizar por boca de los hombres inicuos e incluso de los asnos, les dará lo que necesiten para dar cumplimiento a su vocación. Anímense, pues, aunque se reconozcan faltos de virtud, de salud y fuerzas, sabiendo que Dios muchas veces se complace en escoger instrumentos enfermos y débiles para confundir a los fuertes. Digan en su corazón: si soy inexperto y enfermo, más brillará en mí la divina Providencia. Huyan, por tanto, del desánimo y de la desconfianza, pues, abandonado este consejo, el diablo engaña a muchos en cualquier estadoo condición» (Cf. Constituciones [1865-1865] número116)


Breve reflexión personal y comentario


Compromisos


- Recordemos a menudo los beneficios materiales y espirituales que hemos recibido de Dios para reavivar y fortalecer nuestra confianza en Él.


- Que, afianzados en la esperanza cristiana, sepamos mantener la serenidad de espíritu en medio de las contrariedades y pruebas de la vida.


Preces


Adoremos, hermanos, a Cristo, el Dios santo, y, pidiéndole que nos enseñe a servirle con santidad y justicia en su presencia todos nuestros días, aclamémosle, diciendo: Tú sólo eres santo, Señor.


Señor Jesús, que has querido asociarnos a tu familia como hermanos,

— haz que imitando tu ejemplo crezcamos siempre en edad, sabiduría y gracia.


Padre santo, que por medio de San José Manyanet, has hecho resplandecer de modo admirable el misterio de la Familia humana de tu Hijo,

— haz que todas las familias vivan y se alegren siempre de ese resplandor.


Señor Jesús, que viniste al mundo para servir, y no para que te sirvieran,

— haz que, como San José Manyanet, sepamos servirte a ti y a nuestros hermanos con humildad.


Señor Jesús, que nos has llamado a formar parte de tu Familia de Nazaret y a imitar el estilo de vida casta, pobre y obediente que compartiste con María y José,

— concédenos, por intercesión de San José Manyanet, la gracia de progresar siempre por caminos de santidad.


Señor Jesús, que quieres que toda la humanidad, instruida con los ejemplos de tu Familia nazarena, forme la familia de los hijos de Dios,

— haz que, por intercesión de San José Manyanet, todas las familias sean santuarios de amor y de vida.


Padre nuestro


Ya que por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios, nos atrevemos a decir:

Padre nuestro.


Oración


Dios y Padre nuestro, que has otorgado a San José Manyanet el don de encarnar las virtudes de la Familia humana de tu Hijo, y con la gracia del Espíritu Santo le has llamado a vivir y a anunciar, con la palabra y el testimonio, el Evangelio de la familia, proclamado desde Nazaret; concédenos, por su intercesión, la gracia de vivirlo en nuestros hogares. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


O bien:


Dios y Padre de todos los hombres, que has suscitado en la Iglesia a San José Manyanet para hacer presente el misterio de vida y santidad de la Familia humana de tu Hijo y procurar la formación cristiana de las familias, principalmente por medio de la educación de la juventud; te rogamos humildemente que, por su ejemplo e intercesión, podamos imitar las virtudes de Jesús, María y José y nos concedas la gracia que te pedimos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Ahora se pide la gracia que se desea alcanzar y se termina con la oración para

todos los días, las jaculatorias a la Sagrada Familia y a San José Manyanet y un canto.



Jaculatorias


Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, recibid cuando yo muera el alma mía.


San José Manyanet, ruega por nosotros y concédenos la gracia de ser tus

imitadores, como tú lo fuiste de Cristo. Amén.



Canto final


Se puede cantar el himno a San José Manyanet u otro canto apropiado.


Himno a San José Manyanet

Profeta de la familia,

San José Manyanet,

hiciste un hogar del mundo,

cada hogar un Nazaret (bis).


(1) María y José te llevaron

con Jesús a intimar

Hijo, testigo y apóstol

de su amor en el hogar.


(2) Pervive en nosotros radiante

tu santidad hoy como ayer.

Sigue brillando la llama

que alumbró en Nazaret.


(3) Nos diste a la Santa Familia

Jesús, María y José.

Ellos serán nuestro guía,

nuestro modelo en la fe.


(4) Tú fuiste profeta y apóstol

que tanto amaste a la niñez.

La educación es camino

hacia el hogar de Nazaret.



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