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CONSTITUCIONES DE LOS HIJOS DE LA SAGRADA FAMILIA: PROEMIO

Origen y razón del Instituto en el designio de Dios


Dios misericordioso, al crear al hombre a su imagen y semejanza, se reveló como un misterio de comunión de amor personal y puso en el corazón del hombre y de la mujer la vocación y por tanto la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión.

Esta comunión de amor entre Dios y los hombres, de la cual es una expresión significativa la alianza matrimonial establecida entre el hombre y la mujer, halla su cumplimiento definitivo en Cristo Jesús, Verbo de Dios hecho hombre. Pues Dios de Dios y el Hombre nacido de mujer, por obra del Espíritu Santo, son dos en un solo Dios por el admirable misterio de la Encarnación.


Y el que reconcilió en sí mismo al hombre con Dios por medio de la Virgen María, desposada con José, devolvió al género humano, roto por el pecado, la unidad, la gracia y la paz en aquella Familia divinamente constituida en la que el Hijo de Dios no desdeñó ser llamado hijo de María y de José. Enviado por el Padre, bajó del cielo y vino a Nazaret9 y allí santificó la vida doméstica con las inefables virtudes de su eterna Familia Trinitaria13, sujetándose a María y a José11, que le recibieron en su casa, y creciendo en sabiduría, edad y gracia bajo la cuidadosa tutela de sus padres. Con ello presentó a su Familia terrena como el ejemplo absoluto de toda virtud y santidad para la institución familiar, para toda comunidad de vida consagrada y para la misma Iglesia de Cristo.


Así pues, la Familia de Nazaret muestra a Jesucristo a la humanidad como modelo y maestro de toda perfección, como hombre perfecto y arquetipo de la naturaleza humana perfecta16. Los que abrazamos, por su inspiración, junto con María y José, el género de vida casta, pobre y obediente que escogió para sí, quedamos transformados más perfectamente a imagen del Hombre nuevo.


Además, esta Familia humana de Dios, en la que apareció por primera vez el Emmanuel y empezó a vivir con los hombres, fue el germen y el principio del Reino de Dios que resplandeció desde allí en la palabra, en las obras y en la presencia de Jesucristo. Fue germen y

principio de aquel Reino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo que está misteriosamente presente en esta tierra allí donde dos o tres, reunidos en el nombre de Cristo, acogen con fe la Palabra de Dios, como María y José. Y en el gozo de su presencia y fieles al pacto de amor, quedan asociados a Él en la comunión de vida, de oración y de apostolado.


El Siervo de Dios JOSÉ MANYANET Y VIVES, al reflexionar asiduamente sobre el misterio de redención y santidad de Nazaret, lo realizó en su vida. Movido por el Espíritu del Señor, que le dio a entender el proyecto divino de su vocación en la Iglesia, lo manifestó a otros, a los que reunió en el nombre del Señor como testigos y apóstoles del Evangelio de santidad familiar de Nazaret para que realizasen el arcano designio de Dios en la restauración de la familia humana con los ejemplos de la Familia terrena de su Hijo.


Esta Palabra salvífica que el Siervo de Dios recibió en su corazón y proclamó en la Iglesia la expresan con verdad estas CONSTITUCIONES. Por lo cual ellas son el fundamentó de nuestra vida, nos revelan el misterio de Nazaret, trazan la imagen de nuestra vocación y nos proponen un proyecto de vida.


Así pues, cuantos formamos el Instituto de HIJOS DE LA SAGRADA FAMILIA, JESÚS, MARÍA Y JOSÉ las recibimos agradecidos y con gran alegría como signo cierto de la voluntad de Dios, mediante el cual se nos manifiesta lo que Él quiere. Las observamos con fidelidad para que, al llevar a cabo la obra de Aquél que nos llamó, nos eligió y nos envió, seamos dignos de ser llamados hermanos de Cristo y, viviendo con María y José en Nazaret, lleguemos a ser partícipes de su vida, imágenes de su santidad y auxiliares de su plan de salvación.

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