6 de enero:

EPIFANÍA DEL SEÑOR

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El ritmo del año litúrgico de nuestra vida comunitaria está en total armonía con las orientaciones de la Iglesia pero, fiel a las exigencias de nuestro carisma y a las enseñanzas de nuestro Fundador, pone de relieve aquellos aspectos que se refieren al misterio de la vida oculta de Jesús y no se celebran explícitamente en el calendario general. El misterio pascual de Cristo el centro de nuestra vida cristiana y religiosa, pero lo vivimos desde la luz que dimana de Nazaret. Así, aunque la meta o culmen es el triduo pascual o la totalidad del misterio de Cristo, ponemos un acento especial en los tiempos de Adviento y Navidad, que prepara o celebra la Encarnación del Señor, y hacemos memoria de aquellos santos que estuvieron más vinculados a este misterio de Cristo o lo ayudaron a descubrir y a vivir a nuestro Fundador. Calendario Propio de los Hijos de la Sagrada Familia, Presentación, pág.7 (ed. 1986)

EPIFANÍA, por Celestino Hueso, SF

6 de enero: EPIFANÍA DEL SEÑOR (Los Reyes Magos)

por Celestino Hueso, SF

Hoy celebramos la Epifanía del Señor. Dicho de otra forma, celebramos la Navidad pero con un matiz diferente. El día 25 todo recordaba al Mesías que esperaban los judíos como salvador para ellos solos: Belén, María y José, los pastores. Todo era judío. Hoy apa-recen los magos, unos personajes nue-vos que además vienen de tierras le-janas para poner de manifiesto que ese Dios que ha nacido, viene a salvar, no sólo a los judíos sino al mundo entero; a todos los que quieran ser salvados por él y lo adoren ofreciéndole algún regalo que le pueda gustar. Algo así como la propia vida, vivida por y para los demás.

 

Por eso la tradición quiso que fueran reyes y que fueran tres para represen-tar a todos los pueblos de la tierra. Recordemos que en esa época los con-tinentes conocidos eran solamente África, Asia y Europa. Y les pusieron nombres: Melchor parece que era el asiático, Gaspar tiene pinta de venir de los Países Bálticos y Baltasar, el negri-to, solo puede ser africano. También dicen que venían cabalgando en brio-sos caballos blancos que, después, se transformaron en camellos y que ahora se están convirtiendo en barcos, carro-zas reales y hasta ferraris y, es muy probable que terminen viniendo en platillos volantes. Tal vez algún visio-nario pensó que podría haber más con-tinentes y por eso surgió la leyenda de Artabán, el cuarto rey mago.

En realidad en ninguna parte del Evan-gelio dice que los magos eran tres, bien podemos añadirle éste que nos enseña cómo debe ser la vida del cris-tiano: seguimiento de Cristo, cargados de tesoros como la generosidad, la bondad, la tolerancia… El amor en definitiva, para ir repartiéndolos a todo el que los necesite.

 

No me alargo más. En pocas palabras: Jesucristo es y quiere ser el Salvador para todos, sólo se necesita seguir sus pasos durante toda la vida. ¡No es tan difícil, caramba!
 

Felicidades a todos los reyes que so-mos los creyentes. Para eso nos ungie-ron la cocorota el día que nos bautiza-ron “para ser con Cristo profeta, sacer-dote y REY”.

CALENDARIO PROPIO DE LOS HIJOS DE LA SAGRADA FAMILIA, edición 1986

Ya el mismo nombre indica el origen oriental de la solemnidad. Es el segundo momento de las fiestas de Navidad. Las dos fiestas son “epifanía”, manifestación.

En el contexto litúrgico, sin embargo, la Epifanía queda subrayada como la gran manifestación de Dios a todos los pueblos a través de Jesucristo.

El símbolo de esta revelación es su estrella. “Lumen Gentium”, dice el Concilio Vaticano II, es Cristo, y en Cristo la misma Iglesia que no es sólo resultado de la fe en Él, sino también “estrella” que lo manifiesta.

En las lecturas de los tres ciclos, se recuerdan los tres hechos clásicos que se consideran como “epifanía” del Señor: adoración de los magos, bautismo de Jesús, bodas de Caná de Galilea.

El Padre Fundador nos recuerda que José y María son “nuestra estrella” para encontrar a Jesús y nos invita a ofrecerles, a imitación de los Magos, “el oro purísimo de una caridad muy ardiente, el incienso de una devoción a toda prueba de los engaños del siglo y la mirra de la mortificación de nuestras pasiones, y el divino Niño depositará en nuestras almas mucha abundancia de los tesoros de sus gracias.
 

Todo como en el Misal Romano

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