31 de mayo:

LA VISITACION DE LA VIRGEN MARIA, Fiesta 

La Visita de la Virgen a Santa Isabel
por Celestino Hueso SF

 

Hoy es fiesta gorda. La Virgen se ha ido a visitar a su prima. No va de turismo. El camino es largo y peligroso y hay bandoleros a porrillo que no se andan con chiquitas. Y el transporte más rápido que tiene a mano es un burro.

 

Isabel, además, vive a once días de tren, pero está ya cerca de dar a luz y la necesita y, ya se sabe, que cuando alguien necesita a la Virgen, allá se presenta ella sin pensárselo dos veces porque su vocación es servir. Se lo dijo al arcángel Gabriel el día de la Anunciación “Aquí está la servidora del Señor” y al Señor se le sirve en los demás.

 

Apenas nota la presencia de María salta el pequeño Juan en el seno de Isabel, y salta de gozo Isabel “bendita tú eres entre todas las mujeres” le dice.

 

¡Para el carro! dice María, yo lo que estoy es agradecida a más no poder a Nuestro Señor. Y nos deja un cántico maravilloso. Para chuparse los dedos. El “Magnificat” en el que lo único que hace es manifestar su humildad y poner de relieve la grandeza del Señor. Aquí lo tenemos:

 

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la pequeñez de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su Nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia – como lo había prometido a nuestros padres – en favor de Abraham y su descendencia por siempre.”

 

Después de esto se queda con Isabel el tiempo necesario: unos tres meses a su servicio y regresa a Nazareth para seguir al servicio del Señor y de todos nosotros.

CALENDARIO PROPIO DE LOS HIJOS DE LA SAGRADA FAMILIA, Edición de 1986 

Esta conmemoración es de origen franciscano. El Papa Urbano VI la impuso en el calendario universal en 1389, a pesar de que ya se hace mención de ella durante el Adviento para alcanzar el fin del cisma de Occidente. 

 

La visita de María a su prima Isabel es el encuentro de dos mujeres que han sabido escuchar y obedecer la llamada de Dios para una misión noble y difícil. Estas dos mujeres están inmersas en el misterio: evidentemente hay cosas extrañas en torno a esos dos nacimientos. 

 

Entre las personas espirituales las hay que aprecian de golpe una cierta densidad de los acontecimientos. Viviendo habitualmente con Dios, le reconocen a partir de signos imperceptibles al común de los hombres. 

 

Misterioso encuentro también de Jesús y Juan Bautista a través del encuentro de sus madres respectivas. Esto provoca un "brinco de alegría": la fiesta de Dios. 

 

La fiesta se fijó el 2 de julio como se venía celebrando en el calendario franciscano desde 1263. La última reforma del Calendario la ha trasladado al último día del mes de mayo, entre la Anunciación del Señor y la Natividad de San Juan Bautista, por ser más conforme a la narración evangélica. 

 

El Padre Manyanet aprendió y vivió estas actitudes de la Virgen María: la apertura, la participación y el servicio. Trabajó realmente con prisa nuestro Fundador para poder comunicar y contagiar sus experiencias, sus alegrías, sus descubrimientos espirituales y levantar escuelas, colegios y centros de culto. 

 

Todo como en el Misal Romano.

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