Nuestro Instituto vive para la Iglesia, siente con la Iglesia, participa de su misión y la enriquece, pues prolonga espiritualmente la vida que Jesús llevó con María y José en Nazaret y se entrega con generosidad a la promoción de la comunidad familiar y a la educación cristiana de la juventud. Por lo tanto, nos esforzamos en servirla con las riquezas de nuestro carisma y los objetivos de nuestra misión, por medio de nuestra inserción en la Iglesia particular.

Para conseguirlo, recibimos una formación que nos hace capaces de entender, valorar y servir la cultura local, sin perder el impulso misionero inherente a nuesta vocación.

 

Trabajamos con los obispos, los presbíteros y laicos en un mismo quehacer apostólico, sintiéndonos miembros de la misma familia diocesana.

 

Para ser más eficaces en esta integracion pastoral, guardamos la más estricta fidelidad a nuestro carisma y promovemos al mismo tiempo la renovacion que piden la Iglesia y los signos de los tiempos.

 

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