CRISTIANOS EN UNA SOCIEDAD POSTCRISTIANA y 2:


Rod Dreher, el periodista y analista, insiste: los cristianos deben organizarse y crear comunida-des contraculturales, de lo contrario, desaparecerán absorbidos por un mundo hedonista, materialista y muy, muy hostil a las exigencias de la vida cristiana.

 

"Occidente está en su peor crisis espiritual desde la caída de Roma. Los laicos cristianos que vivimos en el mundo debemos observar el ejemplo de las primeras comunidades para tener una vida más disciplinada espiritualmente, en comunidad, en medio del colapso moral y religioso de nuestro tiempo. Aunque los cristianos, en todos los tiempos, han tenido que luchar para ser fieles al Evangelio (esto es normal), lo que hace que nuestro tiempo sea diferente es que nuestra antigua civilización cristiana ahora es post-cristiana.

 

¿Cuáles son los peligros para los cristianos de Occidente hoy? 

"Primero, la oposición, incluso persecución, del Estado y de otras instituciones, como los medios de comunicación y las instituciones educativas. 

 

Segundo, y más importante, el individualismo radical y el consumismo de nuestra sociedad, así como nuestra obsesión con la tecnología: eso hace que sea muy difícil entender qué es el cristianismo y qué requiere de nosotros. 

 

Tercero, nuestras instituciones religiosas (iglesias y escuelas) a menudo no son del todo “saludables”. Los cristianos laicos debemos asumir la responsabilidad personal de educarnos y formarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos", detalla.

 

En este contexto, la opción cristiana no es un esconderse en las catacumbas pero sí prepararse para salir al mundo bien equipados. "Nunca podemos dejar de evangelizar y servir a los demás. Pero cuando salimos al mundo, tenemos que llevarle algo. No podemos dar al mundo lo que no tenemos. Los estudios demuestran que muchos cristianos de hoy son muy débiles en la fe y, de hecho, piensan que es poco más que ser amable con otras personas y ser feliz. Ser amable y feliz suele ser algo bueno, pero no es cristianismo. Si vamos a ir al mundo como portadores de Jesucristo, debemos pasar más tiempo lejos del mundo, en oración, leer las Escrituras, ir a catequesis y hacer otras prácticas que profundicen nuestro conocimiento y compromiso con la fe.

CONFERENCIA EN ESPAÑA

Gracias por darme la bienvenida a España. Ojalá estuviera aquí con buenas noticias. En realidad, creo que tengo buenas noticias. No soy optimista, pero tengo esperanza. La esperanza, como explicaré, no es lo mismo que el optimismo. Para encontrar nuestro camino a la esperanza, primero tenemos que ser dolorosamente honestos acerca de las malas noticias.

 

Estos no son tiempos normales. Nosotros en Occidente estamos en la peor crisis desde el colapso del Imperio Romano. No vemos este colapso claramente porque está oculto por nuestra riqueza. Pero no se equivoquen: los pilares fundamentales de la civilización occidental se están desmoronando, ninguno más severamente que la Iglesia.

 

— Nuestra crisis es en realidad una combinación de crisis

Es una crisis de SENTIDO. En Occidente, hemos llegado a un lugar donde muchas personas ya no creen que el sentido exista en absoluto, ni que podamos encontrarlo. Las personas han inter-cambiado SENTIDO por PODER; es decir, para obtener el derecho de hacer lo que deseemos con nuestro cuerpo y con la naturaleza, renunciamos a la idea de que existe un significado objetivo. Somos libres de hacer lo que queramos, pero el coste de esa libertad es el nihilismo.

También es una crisis de la VERDAD. Hemos perdido la capacidad de determinar qué es verda-dero o falso. Ya no podemos estar de acuerdo en una narrativa que nos permita razonar juntos. Esta es una de las razones por las que no podemos resolver nuestros conflictos.

 

También es una crisis de FRAGMENTACIÓN. En nuestro tiempo, las personas han perdido el sen-tido de unidad y propósito. Ya no sentimos que somos parte de una comunidad más amplia. El individualismo radical es la nueva normalidad. Los antiguos vínculos de familia y comunidad se han disuelto en su mayoría.

 

Es, finalmente, una crisis de IDENTIDAD. Nos hemos separado de Dios, de nuestro pasado, de la familia, de nuestros lugares y de las fuentes tradicionales del Ser. No sabemos quiénes somos. Hoy, en nombre de la libertad, incluso negamos nuestra biología como hombres y mujeres.

 

— Manifestaciones de la modernidad líquida

Todas estas crisis son manifestaciones de lo que un crítico ha llamado "modernidad líquida". Este crítico, el fallecido sociólogo Zygmunt Bauman, dice que la condición moderna es aquella en la que todo cambia tan rápidamente que resulta imposible encontrar estabilidad. El que prospera en la modernidad líquida es el que no tiene relaciones ni compromisos. El hombre moderno no es un peregrino, es decir, un hombre que realiza un viaje significativo con otros hacia un determinado destino, sino un turista que viaja a donde quiera que lo lleven sus caprichos.


— San Benito y su regla

Esto no es nada nuevo. En su Regla del siglo VI, san Benito de Nursia identificó a este tipo de persona como un "giróvago", y lo llamó "el peor tipo de monje". Va de monasterio en monasterio, sin estabilidad, se apropia de lo que puede y sigue. El giróvago está perdido.

 

La Regla de San Benito es una forma de vida que ofrece todo lo que el giróvago rechaza. Capacita a las comunidades que viven según la regla para descubrir el sentido, la verdad, la comunidad, la integridad y la identidad. La regla es una fuente de vida y esperanza para un mundo oscuro y confuso, precisamente porque Benito lo escribió a partir de su propia experiencia del colapso de la civilización romana.

 

Como joven cristiano, huyó de la ciudad de Roma, fue a vivir y a rezar a una cueva en Subiaco, y finalmente salió para fundar monasterios y escribir su regla.

 

Cuando murió en el año 547, solo había unos pocos monasterios benedictinos, pero a lo largo de los siguientes siglos, el movimiento creció. Los historiadores dan crédito a los benedictinos por sentar las bases para el renacimiento de la civilización en Occidente.

 

¿Cómo lo hicieron? Benito fue un cristiano que buscaba una manera de servir a Dios en comunidad, en medio de un mundo donde todas las certezas y todas las estructuras morales estaban colapsadas. Los primeros monjes benedictinos NO buscaban salvar la civilización. Ellos solo querían dar prioridad a la búsqueda de Dios y ordenar todo lo demás a partir de eso.

 

Para encontrar a Dios, establecieron una forma de vida que consagraba todo a su servicio. La oración, el trabajo, el estudio, la adoración, la comida, la convivencia, todo estaba ordenado por la regla, para mantener a los miembros de la comunidad siempre en un peregrinaje interior hacia la unidad con Dios. Sus vidas fueron de constante conversión.

 

Los frutos de esa conversión se extendieron por toda Europa occidental durante los siguientes siglos. Los monjes no solo se quedaron dentro de sus monasterios, sino que se convirtieron en una bendición para todos aquellos a su alrededor. Sobre todo les enseñaron a orar, pero también les enseñaron cómo cultivar, cómo construir bienes útiles, y cómo llevar a cabo todo tipo de tareas que la gente había olvidado tras el colapso de Roma. En las bibliotecas del monasterio, los monjes conservaron la memoria cultural de la civilización grecorromana.

 

Los cristianos de hoy en día debemos considerarnos a nosotros mismos como exiliados, y desarrollar formas de vida que mantengan viva la fe a través de esta larga prueba que la Iglesia ahora está soportando. No somos monjes. Estamos llamados a vivir EN el mundo. Pero si vamos a vivir fielmente en el mundo, debemos dedicar mucho más tiempo y esfuerzo lejos del mundo, en oración, estudio, ayuno y otras prácticas para enraizar la fe en lo más profundo de nuestros corazones. Nuestra espiritualidad debe ser más disciplinada.

 

Debido a que nuestra llamada implica vivir en el mundo, siempre debemos ofrecer al mundo el evangelio, tanto de palabra como de obra. Pero hoy en día, los cristianos somos débiles en la fe y no podemos dar al mundo lo que no tenemos.


— La opción benedictina

 

Hace tres años visité el monasterio de Nursia, en el centro de Italia. Hablé con el padre Cassian Folsom, que en ese momento era el prior. Me dijo que cualquier familia cristiana que deseara sobrevivir a estos tiempos oscuros con su fe intacta debe aceptar alguna forma de la Opción Benedictina.

 

El padre Cassian me dijo que atravesara las montañas desde Nursia y fuera a una ciudad en la costa llamada San Benedetto del Tronto. Allí debería conocer a un hombre llamado Marco Sermarini, líder de un grupo de unas 20 familias católicas que se llaman a sí mismos Tipi Loschi, un nombre asociado con el Beato Pier Giorgio Frassati. El padre Cassian dijo: "Estos católicos están viviendo la opción Benedictina. Ve a verlo por ti mismo".

 

El padre Cassian tenía razón. Los Tipi Loschi es el mejor ejemplo de la Opción Benedictina que he visto. Todos viven en sus propios apartamentos en la ciudad, trabajan en trabajos normales y asisten a las parroquias normales los domingos, pero tienen un fuerte sentido de comunidad.

 

Comenzaron su propia escuela, la Scuola Gilbert Keith Chesterton. Tienen la casa-club Santa Lucía, donde se reúnen para oraciones comunitarias, para la Misa, para el estudio de la Biblia, para celebrar, para cultivar juntos el jardín, para peregrinar y para practicar deportes. Sirven a los pobres y crean oportunidades para otros de fuera de su comunidad, que necesitan ayuda.

 

Marco Sermarini me dijo que él y sus amigos comenzaron el grupo en la década de 1990, después de terminar la universidad. Estaban insatisfechos con el catolicismo minimalista que es común en Italia. Querían algo más. Profundizaron en las tradiciones de la Iglesia, buscando ser formados como auténticos católicos. Abrazan completamente el magisterio de la Iglesia.

Marco dijo: "Nosotros no inventamos nada. Solo re-descubrimos los tesoros que habían sido guardados y escondidos de nosotros en una vieja caja. Lo habíamos olvidado.

 

Algunos críticos dicen que la Opción Benedictina aconseja a los cristianos que corran hacia las montañas y que construyan muros para mantener al mundo fuera. No es cierto, y el Tipi Loschi lo demuestra. Han construido estructuras comunitarias, hábitos y disciplinas, de los cuales pueden nutrir su fe, de modo que cuando se encuentran con el mundo, pueden llevarle a Cristo. Como dice Federica, la esposa de Marco, "podemos estar abiertos al mundo sin miedo porque sabemos quiénes somos".

 

Otros críticos dicen que la Opción Benedictina tiene que ver con el miedo y la ira hacia el mundo moderno. Si eso es lo que piensa, vaya a visitar el Tipi Loschi. Vivir juntos el catolicismo es el centro de sus vidas, y son los cristianos más llenos de alegría que conozco. Nos ofrecen a todos una hermosa forma de vivir, en el esplendor de la verdad y el amor.

 

Cada vez más cristianos se están dando cuenta de la gravedad de esta crisis de nuestra civiliza-ción y están buscando esperanza en medio de una corriente interminable de malas noticias. En Roma, el otoño pasado, me sorprendió y agradó escuchar la aprobación a la Opción Benedictina por parte de alguien que está en lo más alto de la Iglesia Católica.

 

El arzobispo Georg Gänswein es el prefecto de la casa papal y el antiguo secretario personal Benedicto XVI. En una conferencia en Roma, monseñor Gänswein habló sobre la situación de la Iglesia en términos que eran claramente apocalípticos. Dijo que leer La opción Benedictina era para él una fuente de consuelo e inspiración. ¿Por qué? Porque se basa en la profunda sabiduría y experiencia de la Iglesia para ofrecernos a todos una salida.

¿Cómo lo harán estos cristianos? Comprometiéndose completamente con las disciplinas de la vida cristiana tradicional. La investigación de las ciencias sociales es muy clara: si no estás totalmente comprometido con el cristianismo, entonces es casi seguro que tu –o al menos tus hijos- terminéis siendo ateos. No hay punto medio.

 

En el verano de ese año, cuando los primeros terremotos comenzaron a golpear la región alrede-dor de Nursia, aparecieron grietas en las paredes del monasterio y la basílica. Los monjes vieron esto como señales de advertencia, como una escritura profética en la pared, para recordar la famosa historia del Libro de Daniel. Se mudaron a tiendas de campaña justo fuera de las mura-llas de la ciudad. Es por eso que los monjes no estaban dentro de la basílica en la oración de la mañana del 30 de octubre, cuando ocurrió el gran terremoto que provocó el colapso total de la basílica.

Los monjes sobrevivieron. Ahora viven en un nuevo monasterio en la ladera de la montaña que domina Nursia. Ellos ven las ruinas de la basílica como un símbolo de la Iglesia en el mundo mo-derno, y están comprometidos a reconstruirla. Uno de los monjes de Nursia me dijo que el terre-moto fue un regalo para su comunidad. Les hizo darse cuenta de cuán radicalmente necesitaban a Dios. Qué extraño y maravilloso es visitar una comunidad de hombres que han perdido casi todo, y que tienen un camino muy difícil para la recuperación, pero que están llenos de luz, de alegría y, sobre todo, de ESPERANZA.

 

La resistencia de los monjes después del terremoto me recuerda a una frase del psiquiatra judío Viktor Frankl, quien sobrevivió a los campos de exterminio nazis. Escribió: "Aquellos que tienen un 'por qué' para vivir pueden soportar casi cualquier 'cómo'".

 

Si elegimos a Dios por encima de todo lo demás, podemos sobrevivir a cualquier situación. En esta civilización post-cristiana, si no ponemos a Dios primero, perderemos todo lo que realmente importa. La elección es nuestra.

 

Las cosas que anhelamos hoy, verdad, sentido, propósito, identidad y comunidad, se encuentran en Cristo y en la auténtica comunidad cristiana. Como pueblo, solíamos saber estas cosas. Lo hemos olvidado. Tal como la comunidad Tipi Loschi lo descubrió, la Iglesia y sus tradiciones son una hoja de ruta que nos saca de la oscuridad. Están a la espera de ser redescubiertos.

© 2019 juliogonzalezhsf@gmail.com
HIJOS DE LA SAGRADA FAMILIA, JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

 

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