31 de julio: SAN IGNACIO DE LOYOLA, Presbítero, Memoria

El ritmo del año litúrgico de nuestra vida comunitaria está en total armonía con las orientaciones de la Iglesia pero, fiel a las exigencias de nuestro carisma y a las enseñanzas de nuestro Fundador, pone de relieve aquellos aspectos que se refieren al misterio de la vida oculta de Jesús y no se celebran explícitamente en el calendario general. El misterio pascual de Cristo el centro de nuestra vida cristiana y religiosa, pero lo vivimos desde la luz que dimana de Nazaret. Así, aunque la meta o culmen es el triduo pascual o la totalidad del misterio de Cristo, ponemos un acento especial en los tiempos de Adviento y Navidad, que prepara o celebra la Encarnación del Señor, y hacemos memoria de aquellos santos que estuvieron más vinculados a este misterio de Cristo o lo ayudaron a descubrir y a vivir a nuestro Fundador. Calendario Propio de los Hijos de la Sagrada Familia, Presentación, pág.7 (ed. 1986)

JULIO:  

3. Santo Tomás  

25. Santiago

26. San Joaquín y Santa Ana

31. San Ignacio de Loyola

CALENDARIO PROPIO DE LOS HIJOS DE LA SAGRADA FAMILIA,

JESÚS, MARÍA Y JOSÉ, ed. 1986

31 de julio: SAN IGNACIO DE LOYOLA, PRESBITERO, Memoria 

 

Iñigo López de Loyola, de ascendencia vasca, nació el año 1491, en el seno de una familia de caballeros. Siendo soldado fue herido en Pamplona el año 1521. Durante la convalecencia experimentó una conversión: desde este momento orientó toda su vida al servicio de Dios. En Manresa escribió sus propias experiencias en lo que tenía que ser el libro de los Ejercicios Espirituales. En 1534 fundó la Compañía de Jesús en París, siendo aprobada por Roma en1540. Desde entonces la Compañía ha significado una fuerza vigorosa al servicio de la Iglesia destacándose especialmente por la lucha contra la Reforma y por una infatigable proyección misionera. 

Ignacio falleció en Roma el 31 de julio de 1556. Fue canonizado en 1622 y su fiesta fue adscrita al Calendario romano al año siguiente. 

 

La influencia de Ignacio en la espiritualidad del Padre Manyanet y en la concepción del Instituto fue, como en tantos otros casos, decisiva. Quizás por esto lo eligió como abogado de la Congregación. San Ignacio representa una llamada a la profundización de la fe y de la relación personal con Dios, y el Padre Fundador la recogió, particularmente, en el libro de las Meditaciones, cuyo esquema y actos preparatorios son netamente ignacianos. 

 

Todo como en el Misal Romano.

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