Lc 1,5-25: 19 de diciembre

• “Concebirás y darás a luz un hijo”

 

Hoy la lectura nos presenta la anunciación del nacimiento de uno de los jueces más queridos y populares: Sansón, el héroe de fuerza descomunal, astuto y despreocupado, que tanto dio que hacer a los filisteos.

 

Se nos dice que su madre era estéril, que un misterioso mensajero divino le anuncia el nacimiento milagroso de un hijo que será consagrado a Dios desde antes de nacer. Se predice que el niño comenzará a salvar a los israelitas de sus temibles enemigos.

 

Es un típico relato de anunciación como hay tantos otros en el AT, y que pueden considerarse también relatos de vocación, porque en ellos se anuncia el destino de alguien a quien Dios ha elegido para llevar adelante su obra salvadora.

 

El hecho de que la elegida para ser madre del que había de ser el defensor de su pueblo sea una mujer estéril, pone de manifiesto el proceder de Dios en la historia de la salvación: Dios muestra su bondad y omnipotencia utilizando a criaturas humanamente inservibles para llevar a cabo su plan salvador. Ciertamente, Dios no parece preferir la fuerza; antes bien es la debilidad el mejor signo de su cercanía.

 

Este relato rezuma por doquier la gratuidad de Dios, todo es puro don: una madre estéril dará a luz y un niño indefenso será consagrado a Dios desde antes de nacer. Sin embargo, y como ya hemos dicho otras veces, la gracia de Dios es gratis pero no barata. Dios pide colaboración y fidelidad a su proyecto: “No bebas vino ni bebidas alcohólicas, no comas nada impuro”.

 

Sansón, figura de Jesucristo, fue un salvador temporal, un liberador que luchó contra los enemigos humanos de Israel, pero a través de esa salvación temporal, Dios ayudaba humanamente a su pueblo y le dejaba entrever otro tipo de «liberación». El verdadero salvador es Jesús. Su nombre, Jesús, en hebreo significa: «Dios salva».

 

• “Eran irreprochables ante Dios”

 

Este Evangelio nos narra el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista. En el relato encontramos mucha similitud con el de la primera lectura.

 

Juan el Bautista, precursor del Señor, es una de las figuras principales del Adviento, pero hoy quisiera que fijásemos nuestra atención en Zacarías, su padre, y en lo que el texto nos dice de él. Zacarías es sacerdote, casado con Isabel, ambos “eran irreprochables ante Dios y seguían escrupulosamente todos los mandamientos y preceptos del Señor”. Eran personas coherentes con su religión, unas buenas personas merecedoras de la bendición de Dios. Sin embargo, prosigue el texto, “no tenían hijos porque Isabel era estéril”. Y ya sabemos que la esterilidad era interpretada como una maldición.

 

Zacarías, estando oficiando en el templo recibe el anuncio de que su mujer le dará un hijo. Era de suponer que estando en la parte más sagrada del templo, su corazón estaría abierto a acoger este anuncio, pero no, él duda, le cuesta aceptar la novedad de Dios porque está apegado a las formas antiguas. Soy viejo y mi mujer estéril, imposible que tengamos un hijo.Acoger la novedad de Dios, no es compatible con quienes ya no están dispuestos a sorprenderse de nada, o a volver a creer en algo. Creer que nuestra vida ya no puede dar más de sí, que lo que es, es lo que es, impide creer. Dios nace en el mundo porque cree en sus posibilidades nuevas. Eso empezó demostrándoselo a dos personas mayores, que ya no albergaban expectativas de familia. Tener capacidad de sorpresa es absolutamente imprescindible para la fe. Confiemos, porque para Dios nada es imposible.
 

LECTURAS DEL 19 DE DICIEMBRE

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